El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

La vida

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La vida

Íbamos y volvíamos. Salíamos un rato y al rato regresábamos. Siempre regresábamos a una casa que llamábamos “nuestra casa”. Como si fuera el ombligo del mundo, la madriguera. En realidad no hacíamos más que dar vueltas alrededro de ese punto. Toda la vida regresando a casa. En ocasiones tomábamos un barco y subíamos al Continente, pero luego retornábamos a lomos de ese mismo animal fantástico que cruza los mares moviéndose sobre las aguas como un pesado paquidermo. Volvíamos, mansamente, al mismo lugar de partida. Alguna vez nos perdimos en un país brumoso, en el que hablaban una lengua incomprensible y del que parecía que era imposible salir. Eso nos pasó, también, en otros países, la sensación angustiosa de no poder regresar. Al final, siempre encontrábamos un aeropuesto o una estación de tren o un oscuro puerto fluvial por el que huir. Pero por más que nos moviéramos o nos estuviéramos quietos o nunca regresáramos, sabíamos que la vida es sólo un vieje de ida, sin posibilidad de retorno.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

6 de noviembre de 2012 a 22:38

Publicado en Sin categoría

Una respuesta

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  1. Sí, esa es una certeza, que la vida es eso un viaje de ida, sin posibilidad de retorno.

    Besitos

    Elysa

    12 de noviembre de 2012 at 0:20


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