El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

El invernadero de orquídeas de mi tío Donato

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El invernadero de orquídeas de mi tío Donato

Mi tío Donato tenía un libro que se llamaba, El cultivo intensivo de orquídeas en ambientes turbulentos, y daba clases particulares de botánica a varias vecinas de la vecindad, a pesar de que en mi casa había un bajísimo nivel cultural, según decía mi madre, que se salvaba gracias a esa exótica afición del tío por el cultivo doméstico de orquídeas y por la docencia.

Mi tío Donato había construido un invernadero de madera en la azotea, con techo y grandes ventanales de cristal, cuya apertura se podía regular y con un sistema de cortinillas que tamizaba la luz. Había que jugar siempre con las dos variables independientes, repetía con bastante prosopopeya, la temperatura y la humedad. Manteniéndolas en valores constantes estaba asegurado el crecimiento de las plantas, que era en términos de estadística descriptiva, la variable dependiente. En un rincón del invernadero había colocado una especie de sofá enorme de cretona estampada, lleno de cojines de las más variadas telas colores y formas. Yo le preguntaba para qué quería un sillón tan grande y él me contestaba que para recostarse a pensar y a leer y para las clases de botánica. Mi tío Donato también me daba a mí clases prácticas de botánica casi constantemente.

—Lo más importante en botánica —me decía gesticulando ampulosamente no se sabe muy bien hacia dónde, sabiendo que yo era todo oídos— es conocer el nombre científico de las plantas, la familia, el orden y la especie. Todo lo demás son tonterías. Por ejemplo ¿Ves aquella Spathodea que está, milagrosamente, en medio de la calle con las flores abiertas y rojas como sexos? —yo asentía y me ponía también rojo como un tomate, prefiriendo en ese instante desaparecer bajo la tierra—, pues nunca la llames Tulipero y menos aún, Tulipero del Gabón, tienes que llamarla por su nombre científico, Spathodea Campanulata, porque tú el día de mañana serás un botánico de fuste, como yo, y no un chisgarabís, como todos esos que andan por ahí, ¿comprendido?

Entonces me mandaba abajo, a dormir la siesta, y él se quedaba en el invernadero para empezar las clases particulares de botánica.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

11 de diciembre de 2012 a 23:04

Publicado en Sin categoría

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