El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

Cuento ingenuo de Navidad

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Cuento ingenuo de Navidad

Toda la familia  habíamos pasado ya a mejor vida y domiciliado nuestra residencia en las Calderas de Pepe Botero, o sea, en el infierno (a excepción de tres o cuatro meapilas que se empeñaron en ir al cielo). Manteníamos, sin embargo, la costumbre de reuníamos con los que quedaba vivos de la familia a cenar el día de Navidad. Entonces pedíamos una especie de “pase pernocta”, para que nos dejaran salir y regresábamos el día siguiente. Lo de cenar es un decir, porque nosotros al ser una especie de espectros, o fantasmas, o espíritus, o almas en pena, no teníamos propiamente un sistema digestivo como Dios manda, así que daba igual que comiéramos o no. Con el paso de los años habíamos perdido, además, la dentadura, con lo cual en el hipotético caso de que tuviéramos un mondongo rudimentario, no podríamos masticar nada. Nuestros deudos se afanaban en preparar unas comilonas gigantescas como si fuéramos un batallón de muertos hambriento, que luego, supongo, llevarían a algún comedor de beneficencia o a alguna ONG. Mi interés por asistir a la cena era púramente intelectual, así que procuraba sentarme junta a una sobrina mía que quitaba el hipo y la dejaba que me preguntara todo lo que le diera la gana. Por ejemplo en la última cena me preguntó:
—Tito, ¿en el infierno hacéis el amor?
—Pero qué cosas preguntas, criatura. En todas partes se hace lo que se puede, pero nuestra condición de occisos, o sea, de fiambres nos impone toda una serie de limitaciones (en las que no es preciso entrar), por las cuales hacer el amor no deja de ser una forma alegórica de hablar.
—O sea, que no hacéis el amor.
—Pues no, para qué te voy a decir lo contrario. No nos comemos un rosco.
—¿Y hay crisis en el infierno?
—Peor que la de aquí.
—¡No me digas!
—Pues sí te digo: la totalidad de los servicios de tortura del infierno han sido privatizados, imagínate. Por primera vez es muchísimos años estamos pasando frio durante el invierno. El dinero se ha vuelto loco y campa por sus respetos. Eso dicen los dueños del dinero.
—¡No me digas!
—Créetelo, que te lo digo yo, que soy delegado sectorial del Comité de Insurgencia.
—¡Comité de Insurgencia!, ¡no me lo puedo creer! Aquí lo más que llegamos es a los piquetes de huelga…
—Pues créetelo que te lo digo yo, que soy tu tito. El movimiento insurreccional tiene su base en el infierno, como es lógico, pero en cuanto cambie la correlación de fuerzas en el cielo, donde empiezan a haber estallidos de violencia, ¡los condenados tomaremos el cielo! Y entonces la cena de navidad la celebraremos allí, que hay unas vistas estupendas.
—¡No me digas! ¡No me lo puedo creer!


Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

24 de diciembre de 2012 a 1:44

Publicado en Sin categoría

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