El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

Archive for enero 2013

Origen

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Acantilado de Las Gigantes, Tenerife, 800m. de altura

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Origen

¿Y cómo es que venimos de estos mares y estas rocas? ¿De estas lenguas de fuego líquido, que habrán tardado en formase, millones de años? ¿Cómo es que venimos de una explosión gigantesca, si apenas somos un poco de semen y un coágulo?

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

30 de enero de 2013 at 1:22

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Farolas

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C Yanes- farola

Fotografía de C. Yanes. Farola, Parque de María Luisa, Sevilla.

 

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Farolas

Esta noche no alumbra la farola del mar. Esta noche no alumbra porque no tiene gas. Popular

Las farolas hacen que la noche sea más llevadera.
Las farolas son los ojos de la noche.
Mi perro está enamorado de dos farolas.
Las farolas hipnotizan a los insectos que gira alrededor de ellas, como si fueran giróvagos, hasta morir.
Las farolas tienen dos aliados nocturnos: los enamorados y los borrachos.
También hay farolas que andan porque se aburren de estar toda la vida quietas.
Hay farolas aristocráticas, hay farolas anodinas, cutres y posmodernas.
Las farolas compiten con las estrellas.
A los coches les gusta chocar contra las farolas.
Antes había faroleros, cuando había que encenderlas de una en una.
Las farolas son primas de las antorchas. Las antorchas son primas lejanas de los fósforos.
Los faros son las farolas del mar.
Las farolas más bellas del mundo son las modernistas.
¿Se imagina una ciudad sin farolas?
Nunca he oido que existan farolas libertinas, es un gremio más vien austero.
El objeto de las farolas es luchar contra la noche.
Hay farolas exhaustas, que no llegan al amanecer.
Las sombras que proyectan las farolas son oblicuas.
Hay farolas nómadas, pero por lo general son seres sedentarios.
Hay farolas ecologistas, que no producen contaminación lumnínica.
A casi todas las farolas les falta un cristal.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

28 de enero de 2013 at 12:48

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El puente sobre el Río Kway

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El puente sobre el Río Kway

 A mi madre le gustaba ir al mercado en chancletas, me cuenta Estalinda Lamar. Para ella ese era el ejercicio más saludable y completo que había en el mundo, decía. Antes no nos sacaban ni un duro a las mujeres con los gimnasios, ni con los pilates, ni con la meditación trascendental, ni con el peso perfecto, ni con nada de nada. Las de la Sección Femenina introdujeron un sucedáneo de gimnasia sueca, pero lo hacían todo tan rígido, tan marcial y tan seco que más parecía lucha libre greco-romana o algo por el estilo. Además nos ponían unos calzones incomodísimos que la que no salía con una rozadura interpernarum, salía literalmente desolladas de cintura para abajo en un montón de sitio estratégicos propios de la anatomía femenina, que no voy a detallar.

Pero, vamos a las chancletas, dice Estalinda. Las chancletas le daban a mi madre un aire juvenil y deportivo. Al mercado íbamos todos los hijos: mi hermano el mayor, yo, que era la segunda y mis dos hermanas chicas, que eran como unos rabos de lagartija, pequeñas y endiabladamente malas, a las que yo le sacaba diez y doce años respectivamente. También venía una prima de mi madre que era más cursi que el peinado de Corín Tellado, y decía jaculatorias; el hermano de mi madre que decía cosas sin demasiado sentido porque era un poco entretenido de la cabeza, pero que cargaba bolsos como un mulo; y una vecina que nunca nos dejaba tranquilos. Íbamos todos en fila india detrás de mi madre luciendo ufanos la gama de zapatos que llamábamos chancletas pero que en absoluto lo eran. Lo hacíamos para emular a mi madre que era la más elegante, pero lo nuestro era más bien como un tipo de abarcas hechas de ruedas de camión. A nosotros, todo eso, nos importaba un pito. Lo que nos gustaba era ir marcando el paso detrás de mi madre, silbando el Puente sobre el Río Kway, que era una canción preciosa, por cierto.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

26 de enero de 2013 at 23:50

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Velas

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Juan Yanes- velas para los muertos

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Velas

A ella le venían los muertos y ella por cada muerto ponía una vela. Pero antes de que murieran, durante los padecimientos, recorría de rodillas el pasillo central del templo, todos los días al atardecer, antes de vísperas, para que sanaran. En ese tránsito de la vida a la muerte, ofrecía exvotos de cera que representaban la parte del cuerpo enferma. Los colgaba con un clavito detrás del pórtico de la entrada. Pero aquel Cristo de color negro nunca sanaba a nadie y ella sabía que iban a morir, así que llegado el tiempo les ponía la vela. Después hubo una guerra. Durante esa guerra, a ella le siguieron viniendo muertos, pero eran tantos que ya no sabía el número de velas que tenía que poner.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

23 de enero de 2013 at 23:56

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Hambre

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Ahora mismo, según la FAO, hay 870 millones de personas hambrientas. 1 de cada 8 habitantes del planeta. El hambre no es una lacra, el hambre es el resultado de la existencia de estructuras sociales injustas.

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Written by Juan Yanes

22 de enero de 2013 at 23:51

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Rogativa

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Rogativa

―¡Mamá!
―¿Qué?
―Súbeme.
―No.
―¡Súbeme!
―No.
―¡Súbeme, por favor!
―¿Para qué quieres que te suba?
―Para verte los ojos.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

21 de enero de 2013 at 23:50

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Hijos del Drago

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Hijos del Drago

Para ser hijos del Drago hay que tener el alma podomorfa.

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

20 de enero de 2013 at 23:28

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