El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

Escarabajos

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Escarabajos

 

Yo coleccionaba escarabajos y él me decía que tenía que gustarme mucho porque debía ser una de las cosas más aburridas del mundo. Yo le decía que no, que era apasionante, que los coleópteros eran la Capilla Sixtina del reino de los insectos, porque había casi medio millón de especies ¿tú sabes los que es eso? Sí, sí, me decía él, pero al fin y al cabo son bichos y no me parece que tú, con la cabeza que tienes, debas dedicar tu vida a esos aburridos personajes que se dedican a hacer pelotas, y se iba, después de semejante ejercicio de simplificación.

No es fácil dedicarse a los escarabajos. A veces me pregunto por qué de pronto algo te atrapa y absorbe tu vida, tu energía, tu tiempo. En mi caso, los escarabajos. Mira que son difíciles de tratar. Primero tienes que encontrar el que buscas en su hábitat, como enseñan los naturalistas. Eso te puede llevar meses, años. Hay algunas especies particularmente esquivas. Después tienes que capturarlos vivos, sin hacerles ningún daño. Luego los tienes que matar, claro, para poderlos disecar, un proceso doloroso para el amante de la naturaleza y complicado. El trabajo del entomólogo, es casi como el del taxidermista. Al final del proceso viene eso tan cinematográfico de pincharlo con esa alfiler que sale en todas las películas de terror, lo clasificas y lo pones en el expositor. Toda esta última fase es como volverles a dar la vida. Es una suerte de necrofilia absurda, decía él. Él decía esas cosas, pero no eran reproches, era su manera de hablar.

El otro día me dijo, menuda paciencia tienes que tener para dedicar todo tu tiempo libre a los escarabajos y entonces, sin querer, me puse a pensar en la paciencia, de dónde salía la paciencia, por dónde discurría esa hebra que se ovilla y ovilla hacia adentro y nos obliga a esperar sin desmayo, cuando, precisamente, no podemos esperar porque la vida es urgente y pasa veloz como la crin encendida del caballo que galopa dentro de nosotros.

 

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

4 de julio de 2013 a 23:54

Publicado en Sin categoría

4 comentarios

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  1. A veces, quien nos quiere, con su “manera de hablar”, nos ilumina. La vida se vuelve bendita en ese momento.

    Patricia Nasello

    5 de julio de 2013 at 14:00

    • Quise hacer un cuento cuyo final no tuviera que ver con el resto, pero me salió esto. Eso que dices es verdad, Patricia. Muchas veces ya no sabemos dónde empieza uno y dónde termina. Vivimos en las palabras de los otros. Saludos

      Juan Yanes

      5 de julio de 2013 at 19:01

  2. Seguir la hebra de tu escritura es llegar a un prado inmenso donde las palabras reinan y forman infinitas posibilidades, todas sorprendentes.

    virgi

    6 de julio de 2013 at 6:44

    • … infinitas posibilidades que regresan en menos de un segundo al prado inmenso y de ahí al ovillo y luego al costurero y se quedan en nada.

      Juan Yanes

      6 de julio de 2013 at 14:40


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