El oscuro borde de la luz III

(fotos y microrrelatos)

La guerra infinita

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.Murallas medievales de la ciudad de Tallín

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La guerra infinita

Ahora soy un muñón, artrítico y deforme. Hace meses que me licenciaron del ejército de Su Majestad. Desde entonces vivo de limosnas. Soy casi un anciano. Llevo toda mi vida en el campo de batalla. Estuve en la Revuelta de Bohemia cuando era joven. Después he pasado por todas las levas, todos los ejércitos y todas las batallas: la de Compiègne,  la del Puente de Dessau, la de Sablat, la de Bílá Hora en Praga, la de Lutter, la batalla de Breitenfield, la de Lützen, la de Nördlingen. He perdido ya la cuenta en estos treinta años de muerte. He estado con los moravos, los bávaros, los húngaros, los austríacos, los españoles, los daneses, los suecos y los franceses. He servido también con lealtad al turco. Todos éramos mercenarios. Íbamos con el de mejor soldada. Pero he sufrido incesantemente. He enterrado a compañeros de armas por media Europa y he dejado a la intemperie, para pasto de los cuervos, cientos de cuerpos, después de haberles despojado de su dignidad. He estado al borde de la muerte y he tenido que matar, por piedad, a muchos que gemían de dolor mal heridos en la refriega. He arrasado ciudades con una furia inusitada, he violado mujeres, pasado a cuchillo a ancianos y a niños, he robado comida en todas las haciendas y graneros de este interminable cementerio,  he quemado poblados y cosechas, he atravesado hambrunas interminables, he estado tullido de frío y enfermo en decenas de ocasiones, pero he sobrevivido. No tengo familia, ni casa a dónde ir. En mi pueblo no saben quién soy y no sé hacer otra cosa que matar. Nos pasa a todos los que fuimos soldados. Dicen que ésta es la última guerra de religiones, pero ninguno de nosotros hablaba de religión, porque Dios siempre estaba de nuestro lado.

 

Juan Yanes

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Written by Juan Yanes

7 de julio de 2013 a 19:06

Publicado en Sin categoría

2 comentarios

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  1. Un escritor y filósofo de tu tierra, Antonio Gala, comenta en uno de sus libros que en el pórtico de los templos musulmanes reza, (o rezaba, no recuerdo), esta afirmación “Sólo Dios vencedor” , entonces Gala dice “Sólo Dios vencedor? El mundo ha cambiado de dueño definitivamente”
    Y tu cuento muestra que cambió hace mucho tiempo.

    Patricia Nasello

    7 de julio de 2013 at 19:17

    • Pensé, un soldado que cumpla 60 años el día que terminó La Guerra de los Treinta Años, tenía treinta cuando empezó, si participó en ella desde joven, resulta que se ha pasado toda la vida de batalla en batalla. Al enfrentamiento entre protestantes y católicos, se superponen intereses de todo tipo. Intereses de porder expansionistas, anexión de territorios, estrategias hegemónicas, etc. Por lo que he podido leer la cantidad de muertos fue tremenda. Desapareciendo en muchas reigiones el 50% de la población. Como los ejercitos eran mercenarios, supongo que tuvo que haber individuos como el protagonistas del cuento… Han cambiado poco las guerra ¿verdad? La misma barbarie, el mismo fanatismo, los muertos que siempre los pone el pueblo…

      Juan Yanes

      7 de julio de 2013 at 21:33


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